elucubro planes para dejarte mensajes ocultos
un ténue consuelo del vacío inminente, o nada
cómo volver a pararme adentro
de los antiguos trajes
es imposible volver a ser el mismo
«lo mismo» vive en un pequeño coche
abandonado en la cuesta más vertiginosa,
en donde la ciudad huele cínicamente a campo,
y cae despedazando sus pequeñas sonrisitas.
y en mi desesperación
me arrebata una actitud desesperada y estúpida
como el ademán frenético a la piel sarnosa
una peste cristal muy tardía
un balde abandonado vierte por toda la calle
como una mezcla espumosa mi voluntad de espasmo y
la incertidumbre de la corriente de hechos restantes.
reemplacé el láudano por una mezcla angustiante
de mucho insomnio y aislamiento
(exprimiendo el último verso hacia muy adentro
como un fruto inerte)
pero intenté resolverlo todo con el pensamiento
corregí viejos ademanes, separé todos nuestros lugares
como amuletos únicos e impenetrables.
lo último que tuve de ti fue una representación de la Meca
tentadora visión de 1850
que me ha hecho planear obsequiarte todos mis pobres paseos
y el acorde más gastado de un viejo cassette
de José Luis Perales
a fin de encontrarte,
cuando llegue puedes hacer lo que quieras
con el tierno filo de la navaja sobre mi pecho abandonado,
puedes amoratar mi cuello desprevenido en un sucio lavabo
y llenar mi cuerpo muerto
de canciones que nadie más te ha escuchado.
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