lunes 21 de noviembre de 2011

Declaración de la natural expiración de todo esto.

El giratorio sentido de las cosas encuentra la única, última y patética originalidad en la muerte de su fatigable camino. El hedor no es más fuerte ni más insoportable, sino que nuestras pequeñas narices deben sucumbir ante su pudredumbre.
      
La voluntad humana no debe ser anulada, sino que es a través de su liberación moral y metodológica que será inevitable la disolución de la intención de perdurar. Lloremos el suicidio con cinismo, y busquemos con cólera el rastro del liderazgo, que es allí donde se cría la primigenia hoguera. La hoguera es un espejo, y sólo cumplirá su tarea a cabalidad cuando termine por incinerarse a sí misma.

Nuestro mensaje y el mensajero, nunca podrán escapar del infinito castillo que les ahoga, porque la intención a comunicar ha llegado demasiado tarde a nuestro propio funeral, y porque el ataúd recuerda tristemente la forma de los bloques que componen el castillo.

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