un desfile interminable de imágenes
recorre mi desgracia como el vagón
de una montaña rusa pegajosa y chirriante,
que reposa bajo el sauce del estero.
sólo podría desear entregarme al abandono
de una ruleta de situaciones fortuitas
para que nos encontrásemos bajo la niebla
de un lejano invierno lleno de pequeños refugios,
ya para entonces más altivos y profundos.
tendidos sobre la habitación que nos guareció del mundo
me acaricia la pequeña rama que sobresale de mi frente
efecto de un existencial vaivén difícil de ignorar tan sabiamente,
desliza sus dedos sin advertir que un pequeño movimiento
podría calmar todos los vetustos engranajes
de mi oculto autosabotaje.
los postigos silban una canción alegre
que nos vuelve tristes
y sujetas mi nombre
como un amuleto escurridizo.
camino descalzo en un sueño borracho
por entre las tablas de tu suelo astillado
veo la puerta de ese que fue nuestro refugio
cerrarse con un ademán triste y ceremonioso
desde afuera, sólo podría querer desenfundar mi más alto momento
en la que sucumban las siluetas de lo grave y lo arraigado
para nuestro más profundo y duradero deleite.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada