a Felipe Estica
habríamos de lamentarnos acerca de un suicidio
con un tierno llanto cínico y humanista.
pero cuando la procesión llegue a su fin,
y la jornada nos arroje a nuestra pequeña cama,
habrán expirado por completo las suaves miradas
de dos niños jugando en el asiento trasero
en la vieja camioneta de papá.
querido compañero ya ido
hacia la nube tormentosa del umbral
reconozco en tu tensa soga la gracia
del desprecio altivo por la vida,
y en tus últimas palabras, la tinta
no podría más que hacernos admirar tu voluntad,
para que nuestras pequeñas cabezas,
sumergidas en el sopor espeso de la existencia
deluciden las pistas del encuentro magnánimo
hacia el cual nos tomaste la ventaja por el costado.
del cofre sellado de lo 'real', no querría yo más
que lanzar la llave hacia la garganta de lo torcido.
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