en el filo del contacto más directo
hay un aire que tiembla lleno de vértigo
un puñado de mirlos rasca nuestras cabezas
en la sábana donde revelamos los primeros secretos
pero somos la repetición de unas caricias pasadas
y esas palabras que susurramos ya se dijeron
tantas veces, deslizándose sobre el petróleo
del cual alguna vez osamos reirnos con adorable levedad
y ahora ya ninguno de mis intentos podría alcanzar
ni un lugar en tu pared, como un búfalo muerto que sonríe
en los decorados de malas películas por cable.
sólo podría desear darte el abrazo más lleno, el beso más largo
y compartir contigo canciones en blanco y negro
de un ciego que toca muy bien el piano
dedicarte todos mis insomnios para escribirte pequeños versados
como notas que pudiera esconder en cada una de tus ropas
para ser encontradas en el momento más inadecuado
esperar la hora en que todos huyen del color amarillo
que chorrea el sodio de las lámparas del alumbrado
y manipular la ciudad con improvisado antojo
para que unas cuadras más allá
rendido entre el humo de un cigarro barato
pudiera darte el abrazo más lleno
el beso más largo.
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